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EBook - Vivre A Puerto Plata

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Capítulo I
¿Conocen Ustedes A Puerto Plata?

 

Si nunca han ustedes visitado Puerto Plata, no hay más que seguir con toda confianza al guía experimentado que yo soy. Me complaceré en hacerles recorrer esta pintoresca ciudad que, desde hace diez años, nos proporciona la felicidad y la alegria de vivir a mi esposa y a mí. Sin embargo, perdonenme por no darles las informaciones históricas que se dan infaliblemente a los turistas: a saber que Puerto Plata fue diseñada en el 1496 por Cristóbal Colón, y su hermano Bartolomé, y fundada en el 1502 por Nicolas Ovando, etc...

En cuanto a mí, lo que me interesa, es describirles esta ciudad tal como la veo, con el fin de suscitar en ustedes las ganas iresistibles, y hata la obligación de descubrir este placentero lugar que me apasiona.

Puerto Plata hace frente al Océano Atlántico, y por detrás, se beneficia de la protección del Pico Isabel de Torres, una montaña verde de 2600 pies de altura. Para alcanzar la cima de este picacho, se puede tomar el teleférico. Pero les advierto que la cabina de pasajeros sube casi verticalmente. Sin embargo no lamentaran ustedes este inolvidable paseo hacia el cielo. Allí arriba, tendrán la dicha de ver un Cristo grande, un poco parecido a aquel de Rio, así como jardines esplendidos y descansados . Hay otro sitio de Puerto Plata que me cautiva igualmente, y que visito por lo menos una vez a la semana. Es el famoso Parque Central. A pesar de una remodelación reciente, esta plazoleta sigue siendo un lugar mágico y delicioso, que calma los nervios.

Cuando, por suerte, a eso de las 10 de la mañana, hay un banco disponible en la sombra, uno se dejá caer con mucho gusto, y durante un buen rato, se dejá llevar sobre las alas de un dulce ensueño. También es agradable abarcar con una sola mirada admirativa las bellezas cercanas: la Glorieta, un elegante pabellón blanco con un mirador circular, la Catedral San Felipe, la Casa de Cultura, un imponente edificio victoriano más que centenario, el ayuntamiento municipal, etc...

Cuando me encuentro en el Parque Central, no tengo más que dar algunos pasos para ir a mis quehaceres: pagar las facturas de electricidad y de teléfono, visitar las tiendas y librerias, pararme al mostrador de un frutero, arreglar un asunto bancario. No les digo más, y estoy totalmente convencido de que, como tantas otras personas, les gustarán el Parque Central y la zona comercial muy animada de Puerto Plata.

Igualmente placentera es la zona residencial, la antigua por supuesto, con su laberinto de callecitas estrechas y sus viejas casas. Algunas de estas moradas son tan antiguas que, pasando delante de ellas, los transeuntes sientan subir en los narices un fuerte olor a vieja madera carcomida.

También merecen una visita las zonas modernas de Puerto Plata. Estas dejan atonitas a varias personas, tanto por la suntuosidad e el tamaño de las casas, como por la magnificencia de los jardines. Algunás de estas casas son verdaderos palacios que reflejan un lujo llamativo.

Para cambiar de marco, les invito ahora a deambular conmigo a lo largo del Malecón. Recientemente renovado, este atractivo paseo a orillas del Océano Atlántico, es ribeteado de almendros en toda su longitud de tres kilometros. Al atardecer, las cafeterias nuevamente construidas de distancia en distancia, y dotadas de ruidosos aparatos de sonido, difunden con todo el volumén las ultimas merengues de la temporada, y ofrecen a los consumidores toda clase de buenas cositas para comer, y la obligatoria cerveza bien helada.

Con respecto a mí, si yo voy en el Malecón, es para hacerme acariciar por la exquisita brisa marina y para saborear el espectáculo colorado de todas estas personas que, en algunos sitios, bailan, cantan, y gritan mucho más que hablan, especialmente cuando los vapores de la bebida empezan a subir hacia el cerebro. En los fines de semana, la fiesta comienza mucho más temprano. Familias enteras llegan al Malecón desde las tres de la tarde con sillas, comida, bebidas, sin olvidar el indispensable aparato de radio para hacer una bulla de mil demonios.

Ahora, voy a hacer el posible para satisfacer la curiosidad de todos aquellos que me preguntan muy a menudo si yo me llevo bien con los Puertoplateños. De seguro, me llevo maravillosamente con ellos, y enseguida, les dire que los moradores de esta ciudad son muy comunicativos, muy afables, y sobre todo sumamente sociables. Son estas tres calidades que justifican la amistad sincera que me liga a numerosos de ellos. Hoy en día, en Puerto Plata, tengo tantas relaciones amistosas que mi hijo me ha dicho en broma: "Papi, según veo, es muy probable que, dentro de poco, tu seas elegido Sindico de la ciudad."

Mi esposa y yo, nos lamentamos a veces por haber descubierto tan tarde este pequeño lugar atractivo. Imaginense un poco nuestra felicidad. Vivimos con gente sonriente, amable, que simpatiza con nosotros, y que se esforzan por hacernos la vida fácil.

Se dice frecuentemente que uno no puede realmente ponerse comodo, si no se encuentra en su propio pais. Bueno, por lo que se refiera a nosotros, podemos afirmar que este dicho no es rigurosamente exacto. Es que nos hemos tan integrado a los paisajes de Puerto Plata, y a la vida de los moradores, que nos sentimos absolutamente relajados en esta encantadora ciudad. Aquí, estamos como el pez en el agua.

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